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La Copa Ryder, el torneo de golf más prestigioso del mundo. Los viejos moldes de la Copa Ryder se rompieron cuando el campo gaditano de Valderrama fue designado sede para 1997.
La competición más atractiva del mundo, y que eleva las audiencias televisivas hasta las máximas cotas, jamás había salido de las Islas Británicas en el turno europeo desde 1927. Con la decisiva aportación de Severiano Ballesteros, España logró acoger por fin la Ryder y este mismo jugador logró, al tiempo, ser el primer capitán del equipo europeo sin nacionalidad británica.
El escocés Samuel Ryder, comerciante de semillas y creador de esta prestigiosa prueba, se frotaría ahora los ojos al comprobar cómo la competición que él instituyó en 1927 y que enfrentaba a jugadores estadounidenses y británicos pisaba suelo mediterráneo. En esa primera edición el equipo estadounidense endosó una abultada derrota (9,5-2,5) al conjunto británico en el campo de Worcester (Massachusetts), que fue el germen de una ferviente rivalidad entre ambas formaciones cada dos años.
Los británicos quisieron lavar su imagen en 1929. Gran Bretaña se adjudicó por primera vez el trofeo Ryder disputado en Mortown (Leeds, Gran Bretaña), tras vencer por 7-5 a los norteamericanos, tomándose así la revancha. La rivalidad creció progresivamente, tan sólo quebrada por la pausa obligada que supuso la II Guerra Mundial (1939-45). Hasta esa fecha Estados Unidos logró tres triunfos más, por uno sólo de los británicos, en 1933.
En 1947 se reanudó el torneo en Portland (Oregon). La victoria de Estados Unidos fue contundente (11-1). En los años posteriores el dominio estadounidense fue abrumador, hasta que en 1957 en el campo británico de Lindrick y después de 34 años de supremacía norteamericana, el conjunto británico logró imponerse por 7,5-4,5. Sin embargo, a partir de 1959 el equipo británico cayó en un pozo sin fondo. Gran Bretaña perdió consecutivamente todas las ediciones hasta la de 1983 inclusive. Antes, en 1979, el Comité europeo de la Ryder consideró imprescindible para desbancar a sus adversarios permitir la entrada en el equipo de jugadores no británicos. Así, los españoles Severiano Ballesteros -jugador revelación por entonces- y Antonio Garrido se alinearon con Europa en el campo estadounidense de Greenbier. No hubo victoria europea (11-17), pero quedaron sentadas las bases para posteriores triunfos del Viejo Continente.
Por fin, en 1985, Europa salió del bache y alzó el trofeo en el campo inglés de The Belfry. El equipo europeo contaba con cuatro jugadores españoles: Severiano Ballesteros, José María Cañizares, Manuel Piñero y José Rivero. Europa se impuso por 16,5-11,5 a Estados Unidos, lo que dio paso a una racha de triunfos favorable al equipo europeo. De esta forma, en 1987 el trofeo cayó de nuevo del lado europeo. A Ballesteros se le unieron sus compatriotas José María Olazábal y Pepín Rivero, que fueron pieza clave para la victoria.
Dos años después, en 1989, Europa retuvo el trofeo tras cosechar un empate en el campo de The Belfry (14-14). Este triunfo supuso la tercera derrota consecutiva para el conjunto estadounidense. La edición de 1991 pasará a la historia para el golf español, ya que la pareja formada por Ballesteros y Olazábal se confirmó como la mejor del mundo tras una memorable actuación. No obstante, el triunfo fue para Estados Unidos (14,5-13,5), por lo que conquistó su decimoquinta victoria. En 1993, Belfry acogió la Ryder en detrimento del club de Campo Villa de Madrid. Los estadounidenses dieron al traste con las aspiraciones del capitán europeo, el británico Bernard Gallacher, después de anotarse el triunfo tras un emocionante final.
Pero sin lugar a dudas los momentos de más intensa emoción se vivieron en 1995 en Oak Hill (EE.UU). El combinado europeo afrontó la última jornada con desventaja en el marcador, pero en una increíble remontada superó al conjunto estadounidense. En el último hoyo se vivieron unas inolvidables escenas de júbilo del equipo que capitaneó por última vez Gallacher.
Europa volvió a demostrar su potencial en Valderrama'97. En el equipo estadounidense ya brillaba con luz propia Tiger Woods, predestinado a ser uno de los mejores golfistas del mundo. Tiger, sin embargo, se apagó progresivamente y el equipo capitaneado por Ballesteros derrotó al de su colega norteamericano Tom Kite. La Copa Ryder no cambió en 1997 de dueño. Europa, incluso fuera de las Islas Británicas, se mostró intratable.
La revancha a tanta afrenta se la tomaron muy en serio los estadounidenses. Quizá demasiado en serio, pues la edición de 1999 jugada en el campo de Brookline (Massachusetts) pasará a la historia por la euforia desatada de la afición local. El triunfo del conjunto norteamericano (14-13,5) fue calificado entonces como "un milagro" y una "gesta deportiva de extraordinario valor". La prensa estadounidense fue unánime en sus juicios. La exultante alegría de Justin Leonard en el hoyo 17, cuando consiguió un "putt" de trece metros que le colocó por delante del español José María Olazábal, fue la foto de portada de la mayoría de los periódicos norteamericanos. El público invadió el campo en el hoyo 18, una actitud antideportiva que perjudicó notablemente los últimos instantes de juego de aquella última Ryder.
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